La Inocencia Perdida y Encontrada
La inocencia es un cristal frágil que habita en cada persona. Brilla en la mirada limpia de un niño, en la confianza que se entrega sin condiciones, en la risa que no conoce doble intención.
Con los años, ese cristal se agrieta: las decepciones, las mentiras y las sombras del mundo intentan opacar su luz. Pero la inocencia nunca desaparece del todo; se esconde en los gestos más simples, esperando ser reconocida.
Un saludo inesperado, una mano que ayuda sin pedir nada, una palabra que acaricia… ahí renace la inocencia, recordándonos que aún podemos creer en la bondad.
Porque conservar un poco de ella no es ingenuidad, es valentía: la valentía de seguir confiando, de seguir soñando, de seguir viendo el mundo con ojos que aún esperan milagros.